Hoy me han hecho una gran sugerencia...Dido & Aeneas, de Henry Purcell con Libreto de Nahum Tate

O una invitación a la Ópera, para ver una bellísima obra que desconocía, gracias Paseante Solitario
Ricercar Consort. Dir. Philippe Pierlot.



PERSONAJES

Dido, Reina de Cartago, Soprano Dramática
Belinda, Dama de la reina, Soprano Ligera
Eneas, Príncipe Troyano, Tenor
Maga, Maga, Mezzosoprano



La acción se desarrolla en Cartago, en época mitológica.

ACTO I

Escena : El Palacio

(Dido, Belinda y el séquito)

BELINDA

Sacude las nubes de tu frente,

el destino permite tus deseos;

el imperio crece,

afloran los placeres,

la fortuna sonríe y así

debieras hacerlo tú.

CORO

Destierra la tristeza,

destierra la inquietud,

la aflicción no debería

aproximarse a la corte.

DIDO

Ay, Belinda!

Me acosa un tormento

inconfesable,

la paz y yo nos hemos hecho

extrañas.

Languideceré hasta

que mi pesar sea conocido,

aunque no debiera ni suponerse.

BELINDA

La aflicción aumenta al

ocultarla.

DIDO

La mía no admite

revelación.

BELINDA

Déjame hablar:

el huésped troyano

ha invadido tus tiernos

pensamientos;

es la mayor bendición

que puede dar el destino

para afianzar nuestra Cartago

y revivir Troya.

CORO

Qué felices son los estados

cuando sus monarcas se unen,

triunfan inmediatamente

sobre los enemigos y el destino.

DIDO

¿De dónde puede aflorar

tanta virtud?

¡Qué guerras,

qué batallas nos ha referido!

En él están mezclados

el valor de Anquises

con el encanto de Venus.

¡Qué dulce en la paz y, aun

así, qué fiero en las armas!

BELINDA

Una narración tan vigorosa

y llena de infortunio,

capaz de ablandar rocas,

debiera ablandarte a ti.

¿Qué terco corazón

podría permanecer insensible

ante tanto pesar,

tanta devoción?

DIDO

Mi corazón oprimido

por tormentas de inquietud

me ha enseñado a compadecer

a los afligidos.

Sólo a los despreciables malvados

los endurece el dolor;

mi pecho, en cambio,

es tan blando, tan sensible;

pero, ¡ay!, creo que también

compadezco mucho el suyo.

BELINDA, SEGUNDA MUJER

(El coro repite)

No temas que sobrevenga el peligro,

el héroe ama tanto como tú,

siempre amable, siempre sonriente,

y cuidadoso

en las inquietudes de la vida,

Cupido cubre tu senda de flores,

recogidas en los emparrados Elíseos.

(Eneas entra con su séquito)

BELINDA

Mira, aparece tu huésped real;

¡qué semejante a los dioses

en su porte!

ENEAS

¿Cuándo, Majestad,

recibiré la bendición

con inquietudes de amor

y el peligro de los estados?

DIDO

El destino prohíbe

lo que tú persigues.

ENEAS

¡Eneas no tiene más destino

que tú!

Sonría Dido y yo desafiaré

el débil azote del destino.

CORO

Cupido sólo lanza el dardo

que es fatal

al corazón de un guerrero,

y aquélla a la que hiere

es la única que puede curar

al dañado.

ENEAS

Si no es por mí, sea por el imperio

alguna piedad en la toma de tu

amado; ¡ay!, no causes,

en un fuego desesperado,

la caída de un héroe

y que Cartago expire una vez más.

BELINDA

Prosigue la conquista, ¡oh, Amor!;

los ojos de ella confiesan la llama

que su lengua niega.

CORO

A las colinas y a los valles,

a las rocas y a las montañas,

a los bosquecillos musicales

y a las frescas y umbrías fuentes.

Mostremos los triunfos del amor

y de la belleza.

Deleitaos, Cupido,

el día os pertenece.

DANZA TRIUNFAL

ACTO II

Escena 1: La Cueva

(Entra la hechicera)

PRELUDIO PARA LAS BRUJAS

HECHICERA

Traviesas hermanas, vosotras

atemorizáis en la noche

al viajero solitario.

Quien,

como tenebroso cuervo que grita,

golpea las ventanas

del agonizante,

¡acudid!, acudid a mi llamada,

y decidle a la Fama

que un mal hará

que toda Cartago arda.

¡Acudid!

(Entran las brujas)

PRIMERA BRUJA

Di, Beldame,

¿dinos cuál es tu voluntad?

CORO

El daño es nuestro deleite

y el mal nuestra habilidad.

HECHICERA

La reina de Cartago, a la que

odiamos, como hacemos con todos

aquellos estados prósperos,

antes de la puesta del sol,

se verá, si es que puede existir

mayor infortunio,

privada de fama,

de vida y de amor!

CORO

¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja!

DOS BRUJAS

¿Hundida antes de que caiga

el sol?

Dinos, ¿cómo debe hacerse?

HECHICERA

El príncipe troyano, ya sabéis,

está obligado por Destino

a buscar tierra italiana;

ahora la reina y él

están de cacería.

PRIMERA BRUJA

¡Escuchad! ¡Escuchad!

El estruendo llega con prontitud.

HECHICERA

Pero, cuando hayan acabado,

mi leal duende,

tomando la forma

del mismo Mercurio, como si fuera

un enviado de Júpiter,

reprochará su permanencia

y le encargará

hacerse a la mar esta noche

con toda su flota.

CORO

¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja!

DOS BRUJAS

Pero antes

de que llevemos a cabo esto,

conjuremos una tormenta

para echar a perder

su caza deportiva

y reconducirlos a la corte.

CORO

(En forma de eco)

Prepararemos el encantamiento en

nuestra profunda celda abovedada;

práctica demasiado espantosa para

hacerla al aire libre

DANZA DE LAS FURIAS

Escena 2: El Bosquecillo

(Eneas, Belinda, Dido

y el séquito)

BELINDA

(El coro repite)

Gracias a estos solitarios valles,

a estas desiertas

colinas y vaguadas,

el juego tan limpio,

tan rico el deporte

la propia Diana

debería recurrir a estos bosques.

SEGUNDA MUJER

A menudo

visita estas montañas solitarias,

a menudo se baña en esta fuente;

aquí,

donde Acteón encontró la muerte,

perseguido por sus propios

perros de caza

y después de heridas mortales

demasiado tarde descubierto.

(Las damas de Dido

bailan para Eneas)

ENEAS

Contemplad,

sobre mi curvada lanza

se yergue la cabeza

sangrante de un monstruo,

con colmillos harto excesivos,

aquellos que Venus hizo

que arrancara el cazador.

DIDO

Los cielos están nublados.

¡Escuchad! El rayo desgarra

los robles de la montaña.

BELINDA

(El coro repite)

Apresurémonos,

dirijámonos a la ciudad,

este campo abierto no puede

ofrecer refugio de la tormenta.

(Se van Dido, Belinda y el séquito)

(El espíritu de la hechicera

desciende a Eneas bajo la forma

de Mercurio)

ESPIRITU

Deténte, príncipe,

y escucha el mandato

del gran Júpiter;

te convoca para que salgas

esta noche

ENEAS

¿Esta noche?

ESPIRITU

Esta noche deberás abandonar

esta tierra,

el dios enojado no soportará

una estancia más prolongada.

Júpiter te lo ordena,

no desperdicies más

en delicias de Amor

esas horas preciosas

concedidas por los todopoderosos

para ganar las costas de Hesperia

y restaurar a la arruinada Troya.

ENEAS

Las órdenes de Júpiter serán

cumplidas. Esta noche se levarán

nuestras anclas.

(Se va el espíritu)

Pero, ¡ay!,

con qué palabras puedo

intentar pacificar

a mi ofendida reina:

nada más ceder a su corazón,

me veo forzado a partir

arrancándome de sus brazos

¿Cómo puede ser tan duro un

destino? Una noche de gozo, la

siguiente de renuncia.

¡A vosotros os culpo, a vosotros,

dioses! Ya que obedezco vuestros

deseos, pero con mayor facilidad

moriría.

ACTO III

Escena 1: Las naves

PRELUDIO

PRIMER MARINERO

(El coro repite)

Vayámonos, compañeros.

Levad vuestras anclas,

el tiempo y la marea

no admiten dilación,

brindad en corta despedida

con vuestras ninfas de la costa,

y silenciada su tristeza

con votos de regreso,

pero no intentéis

volver a visitarlas nunca más.

DANZA DE LOS MARINEROS

(Entran la hechicera

y las brujas)

HECHICERA

Mirad como serpentean

las banderas y los gallardetes,

se levan las anclas,

se despliegan las velas.

PRIMERA BRUJA

Pálidas sonrisas brillantes

y engañosas de Efebo,

dan brillo a falsas palabras.

SEGUNDA BRUJA

Nuestra intriga ha dado resultado,

la reina ha sido abandonada.

DOS BRUJAS

¡Elisa desacreditada, ja, ja!

Nuestra intriga ha dado resultado,

la reina ha sido abandonada,

¡Ja, ja, ja!

HECHICERA

¡Nuestro próximo movimiento

debe ser

asaltar a su amante en el océano!

Conseguimos el placer

de la desgracia de los otros.

Elisa sangra esta noche

y Cartago arderá en llamas mañana.

CORO

¡La destrucción

es nuestro deleite,

el deleite nuestra mayor tristeza!

Elisa muere esta noche y Cartago

hervirá en llamas mañana. ¡ja, ja!

DANZA

Escena 2: El palacio

(Entran Dido, Belinda y el séquito)

DIDO

Todos tus consejos

han resultado vanos.

¡Levantaré mi queja

a la tierra y al cielo!

¿Por qué clamo

a la tierra y al cielo?

La tierra y el cielo

urden mi caída.

Apelo al destino,

despojado de otras intenciones,

el único refugio

para los desdichados.

(Entra Eneas)

BELINDA

Señora, mira por dónde

aparece el príncipe;

su mirada arrastra tal tristeza,

que aún debería convencerte

de su veracidad.

ENEAS

¿Qué deberá hacer el perdido

Eneas? ¿Como podré, majestad,

comunicar el decreto del dios,

y contaros que debemos partir?

DIDO

Así como en los funestos bancales

del Nilo,

llora el mentiroso cocodrilo;

así los hipócritas,

que actúan de forma asesina,

hacen del cielo y los dioses

los autores de sus actos.

ENEAS

Por todo lo que es bueno...

DIDO

¡No digas nunca más

por todo lo que es bueno!

Has abjurado de todo

lo que es bueno,

vuela a tu prometido imperio

y deja que muera

la abandonada Dido.

ENEAS

Me quedaré, a pesar

de las órdenes de Júpiter;

ofendiendo a los dioses

y obedeciendo al amor.

DIDO

No, infiel, prosigue tu camino;

ahora, al igual que tú,

estoy resuelta.

No reclamará arrepentimiento

la llama desairada

de la ofendida Dido,

porque ya es suficiente,

sea lo que sea

lo que ahora pronuncies,

con que en un momento tuvieras

el pensamiento de dejarme.

ENEAS

¡Sea cual sea la voluntad

de Júpiter, me quedaré!

DIDO

¡Fuera, fuera! ¡No, no, fuera!

ENEAS

¡No, no, me quedaré

y obedeceré al amor!

DIDO

Yo volaré antes hacia la muerte,

cuanto más largo sea tu

aplazamiento. ¡Fuera, fuera!...

(Sale Eneas)

Pero, ¡oh, muerte! no puedo

rehuirle; la muerte debe llegar

cuando él se haya ido.

CORO

Las grandes mentes

conspiran contra sí mismas

y evitan la cura

que más desean.

DIDO

Tu mano, Belinda;

me envuelven las sombras.

Déjame descansar en tu pecho.

Cuánto más no quisiera,

pero me invade la muerte;

la muerte es ahora una visita

bien recibida.

Cuando yazga en tierra, mis

equivocaciones no deberán crearle

problemas a tu pecho; recuérdame,

pero, ¡ay!, olvida mi destino.

(Cupido aparece en las nubes,

sobre su tumba)

CORO

Tú, Cupido,

vienes alicaído

y esparces rosas sobre su tumba,

dulces y tiernas como su corazón.

Mantén aquí tu vigilancia y no

partas nunca.

DANZA DE CUPIDO















1 comentario:

El Paseante Solitario dijo...

Me alegro, pero fue la película la que me recordó la opera; una obra que la verdad tenia muy olvidada y he tenido que rescatar de lo más profundo de la estantería. Saludos.

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