La Almadraba De Zahara Y Miguel De Cervantes - Por Mariano Pardo de Figueróa - Anuario de la Comision permanente de Pesca para 1868.

La Almadraba De Zahara Y Miguel De Cervantes (1).

«Entre las mercedes con que el Rey D. Sancho el Bravo premió en 1294 el heroísmo de Guzman el Bueno, se cuentan las almadrabas, desde el rio Guadiana hasta la costa del reino de Granada, cuyo galardon, dice la carta ó privilegio real:—-fago en vos, D. Alfonso Perez de Guzman , el Bueno, é en vuestros sucesores é venientes de vos, para siempre jamás, por los buenos é leales servicios que vos me fecistes en onrra é adelantamiento de la Corona Real de mis regnos, é ensalzamiento de nuestra sancta  católica, e por la muerte de vuestro hijo, en cuya muerte quesistes semejar al patriar cha Abraham, dando vos el cochillo con que ks moros lo degollasen, por guardar lealtad, fidelidad de vuestro juramento, é pleito omenaje que me teniades-fecho por la villa de Tarifa.

En los siglos XIV y XV, obtuvieron los descendientes de Guzman, los títulos de Conde de Niebla y Duque de Medinasidonia, que en la actualidad poseen, y que son los más antiguos de los que hoy existen en España, y permanecieron vinculadas en esta casa las almadrabas de Agua Amarga, Cabo de Gata, Balerma, Tarifa, Tuta, Conil y Zahara.

Esta última ha sido siempre una de las mejores, sino la mejor de todas, y en cuanto á utilidades solamente se le aproxima la célebre de Colibre en el Rosellon.

Zahara es el edificio que sirve para el ejercicio de la pesca que nos ocupa. Hállase situado en la costa del Estrecho de Gibraltar (término de Veger), frente á Tánger é indudablemente en el mismo lugar donde desde tiempo inmemorial los Fenicios, los Romanos y los Arabes verificaron la pesca del atun.

En su construccion aparecen vestigios y reminiscencias del modo de edificar de cada uno de estos pueblos, y el conjunto de la obra, tal como hoy se encuentra en estado de ruina y de abandono, revela un poco del castillo con algo del arsenal, de la lonja y de la fábrica.

Al contemplar aquel inmenso palacio, de más de quince mil metros de superficie, enclavado en el centro de una estéril playa, limitada por el gran Océano; al mirar los bancos de arena que movidos al impulso del viento amenazan envolver y cubrir el edificio; al ver aquellos torreones carcomidos y aquellos muros que trabajosamente sostienen en sus adarves algunas gallardas almenas, no puede el viajero resistir el deseo de penetrar en aquella casa.

Allí se encuentran salones de bóveda destinados á guardar la sal para la preparacion del atun; noques para adobarlo; extensos patios, caballerizas, establos y almacenes; estancias capaces de contener más de treinta barcos destinados á la pesca; hornos, cocinas y talleres; torre del homenaje; sala de corte; dormitorios; oficinas de administracion, de empleados y de capataces; capilla, campanario, y en fin, todas las dependencias necesarias para alojar á los magnates y á los trabajadores que allí pudieran concurrir.
 Hay en Espania muchos edificios donde el arqueólogo puede estudiar los diversos aspectos de nuestra civilizacion y de nuestras costumbres; no escasean las construcciones, mitad religiosas y mitad guerreras, ni faltan tampoco aquellas que tienen parte de fortaleza y parte de casa de recreo: pero una donde aparezca la rara amalgama de la industria y de la aristocracia; una donde pueda verse á una de las familias más opulentas y de mejor estirpe de Europa, ejerciendo una pesquería de las más productivas del mundo por cinco siglos consecutivos, esto sólo puede apreciarse en el desmantelado palacio de Zahara, único, en nuestro entender, que simboliza la idea que acabamos de apuntar.


El respetable y veraz historiógrafo, Pedro Barrantes Maldonado, refiere que el Rey D. Enrique IV estuvo en Veger, donde fué espléndidamente recibido y agasajado por el Duque de Medinasidonia, é allí, dice el cronista, suplicó el Duque al Rey que porque estaban armadas las sus almadrabas, le pluguiese de ir á tomar placer á ellas é ver como los atunes se tomaban, y el Rey lo fizo ansí, e fueron al almadraba, é el Rey posó en el atalaya para ver venir los peces é otro día fué á la playa donde vió sacar los atunes, de que recibió muy gran placer é otro vió los oficios donde los atunes se cortan é salan.

En 1541 estuvieron en la almadraba los Duques de Medinasidonia con los Condes de Olivares y otros magnates, acompañados de vasallos, de criados y de gran séquito y servidumbre. Todos se alojaron en Zahara por muchos días, y en aquel año se cogieron ciento cuarenta mil atunes, que es la mayor pesca de que hay memoria, resultando lances de doce mil arrobas de pescado.

Cuatro mil pesos al año costaba el sostenimiento de las almadrabas de Conil y Zahara: en los cincuenta dias que duraba la pesca, se daba ocupacion á unos mil trabajadores , cuyos jornales variaban desde tres hasta diez reales diarios: las utilidades liquidas podían regularse en ochenta mil pesos.

A mediados del siglo XVIII, el alcaide ó jefe de la pesquería manifestaba á la casa del Duque de Medinasidonia que tenía en caja noventa mil ducados de la venta de atun, de cuya suma habia que deducir ciertos gastos secretos y algunas gratificaciones, añadiendo que, por falta de tiempo, no remitía desde luego las cuentas formalizadas. La respuesta del Duque estaba concebida en estos términos: « No tenga V. priesa en formar la cuenta, »y hágala cuando buenamente pueda: pague V. todas las »cantidades que me dice, sin necesidad de documento de »descargo: cobre V. como gratificacion ó donativo que le »hago, cuatro mil ducados; y el resto entréguelo V. en »Cádiz á D. Pedro de Albrecht, para que en libranza 1° »maiide á la tesorería de mi casa» (1). De seguro que á un mercader ó contratista de nuestros días, enemigo del despilfarro ó del lujo, hubiera producido doble y triple rendimiento el negocio exclusivo de la pesca de los atunes.
La frase familiar de por atún y ver al Duque, consignada en el Diccionario de la Academia, trae su origen de las pesquerías de Zahara.

 Allí era admitido cualesquier advenedizo, y cuando ménos ganaba como jornal una comida abundante y nutritiva: ni se le preguntaba Bu nombre, ni se hacia informacion de su conducta: aquello era una especie de asilo de toda la canalla y gente de la briba de España entera: un ejército hampesco, obediente al arraez que lo mandaba, y que hoy lo manda á son de tambor y á golpe de rebenque.

 La divergencia de colores y hechuras de sus harapientos vestidos; aquella multitud de tipos que retratan al picaro consumado; el placer y el entusiasmo que produce el anuncio de la llegada de un lance de atunes, señalado con su bandera por uno de los vigías de las atalayas; la animacion y la gritería que se despiertan al contemplar aquella multitud de grandes peces'que juntos en la red parecen por su color una enorme mancha de tinta que ha caido sobre la mar; el frenesí de que se poseen los pescadores al ver á los atunes ya en la orilla, en cuyo momento se arrojan sobre ellos cocle en mano y se entabla una lucha en la cual se defiende el inofensivo pez con fuertes y violentas sacudidas; el agua de la mar teñida con sangre y con cieno; la algazara de los que tiran de la jábega; el aspecto de aquellos hombres medio desnudos, ó.desnudos del todo, acelerando la muerte del atun; el toque de los tambores; el movimiento de las banderas en barcas y atalayas; la especie de mugido de los pescados moribundos; los alaridos y la confusion que allí reinan; todo esto, alumbrado por el fuerte sol de Andalucía, en medio de un desierto arenal, y teniendo por decoracion al Océano, forma un cuadro tan extraño y tan nuevo, que no se parece ni á las partidas de caza, ni á las funciones de toros, ni á las carreras de caballos, ni á ningun otro de esos análogos espectáculos que suelen verse con frecuencia entre nosotros.

Aristóteles, Plinio, Estrabon, Baudrillart, Lacepede, Duhamel, Sarmiento, Terreros, Regüart, Pedro de Medina, Miguel de Cervantes y otros muchos escritores se han ocupado, de propósito ó por incidencia, de las almadrabas. El poeta Oppiano escribió en elegantes versos griegos su Alieuticon, tan apreciado del Emperador Caracalla, que dicen le dió un escudo de oro por cada renglon de la obra; y casi en nuestros días, el ilustrado D. Ignacio Lopez de Ayala publicó, bajo el título de Cetarion, sitie de Thynorum adfretum Hercnleum piscatura, un chistoso poema latino pintando con singular gracia y donosura la pesca del atun en Zahara. Lástima que hoy sea de pocos conocido este curioso trabajo literario.
«La pesca de almadrabas (dice una obra impresa por órden del Gobierno), la más antigua y productiva de nuestra Península, cuya fama ensalzaron naturalistas y escritores extranjeros, y que sirvió de asunto á una de las novelas del inmortal Cervantes, es ya sombra de lo que fué (1).»

Sin embargo de ser ciertísima la idea estampada en los anteriores renglones, tambien lo es que Zahara conserva aún el tinte y reminiscencia de su antiguo esplendor. Hoy puede decirse que el brioso y altivo corcel de guerra, encubertado con ricas gualdrapas y vistosos paramentos, se contempla desnudo de sus jaeces, y convertido en flaco y miserable rocin: hoy se ve en mala fotografía el magnífico lienzo de una soberbia pintura.

Con bastante frecuencia hemos oido repetir que Miguel de Cervantes estuvo en Zahara. Las mismas gentes de la pesquería lo aseguran, fundados en una constante tradicion. Hace ya algunos años que un respetable anciano de más de noventa, que desde su infancia habia intervenido en la pesca del atun, nos refirió que él alcanzó á su bisabuelo , hombre de mucha edad y servidor de los Duques de Medinasidonia en Zahara, y que éste contaba que los más antiguos á quienes conoció en la almadraba hablaban de haber estado allí uno que le decían Saavedra, que habia sido soldado y cautivo de Moros; que era hombre de pluma y de saber; que todos sus compañeros los bribiones (1) lo apreciaban y respetaban mucho y se disputaban ser sus camaradas, pues era persona que hallaba solucion para todos los lances que ocurrían. El buen anciano añadió que la memoria de Saavedra habia quedado y quedaría por siempre en Zahara por el suceso del rucio. ¿Y cuál fué ese suceso? preguntamos con ínteres al anciano.
Fué, segun contaba muchas veces mi bisabuelo, que entre cuatro bribiones robaron un burro, y disputándose el modo de dividirlo, llamaron á Saavedra para que fallase aquel pleito, y éste propuso que se jugase el rucio á los dados.
(1) Bríbiones llamaban y llaman hoy á los peones que tiran de la jábega. Cuando los Duques tenían por sí la almadraba, ayudaban á esta ruda faena un crecido número de yuntas de bueyes, que con tal objeto se custodiaban y mantenían todo el año en una dehesa inmediata á Zahara, propiedad de la casa de Medinasidonia. Hácia mediados del siglo XV, los vasallos deiücha casa en los pueblos de Veger, Conü, Chiclana, Jimena, etc., tenian obligacion de asistir personalmente, y con cierto número de caballerías ó de carretas, á la pesca del atun. Foco á poco fueron redimiendo tal pecho, segun consta de documentos fehacientes, y delos cuales citarémos, como ejemplo, una cédula con la firma y sello de D. Enrique de Guzman, Duque de Medinasidonia, Conde de Niebla y Señor de Gibraltar, confirmada por su hijo primogénito D. Juan , dada en Sanlúcar de Barrameda á 22 de Marzo de 1480, refrendada por el Secretario, y anotada por el Mayordomo y Contador de su señoría, en la cual consta, que por los buenos servicios debidos á los vecinos de Medinasidonia, y por haber recibido de ellos ochenta mil maravedís, los declara libres y quitos de asistir anualmente con diez carretas á la almadraba de Zahara. El Duque jura y promete áfé de quien ét y del linaje y estirpe Real 1le donde viene, guardar la carta, que contiene las cláusulas generales y conocidas de esta clase de documentos..................


Continúa en este enlace. Página 46.

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...